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CUARESMA: UN TIEMPO PARA DIOS

La Cuaresma es un tiempo propicio para comenzar de nuevo. El rito de la ceniza nos evoca nuestro propio origen, como polvo y barro en las manos artesanas de nuestro Alfarero y Creador.


La Cuaresma es tiempo de reconciliación y de aceptación personal, porque nos sentimos hechura de Dios, hijos suyos, hermanos de todos en una misma familia

La Cuaresmas es tiempo de oración, de estar con Dios, de saberse mirado por Él, de hablar de tú a Tú… escuchándonos. La oración, el trato de intimidad con Dios nos reavivan la conciencia de lo que somos, semejanza divina.

La Cuaresma es tiempo de fortalecer la voluntad con el dominio de las pasiones e instintos para saber superar la intemperie de todos los desiertos

La Cuaresma es tiempo de solidaridad, más aún en las circunstancias actuales, en las que tantos viven situaciones límite por falta de trabajo y de disponibilidad de lo más necesario. El ayuno y la abstinencia que Dios quiere es el de la compasión.

La Cuaresma es tiempo de atravesar fronteras y de salir de todas las rutinas, las esclavitudes y zonas oscuras, de obedecer la llamada a levantarse y a subir al monte.

La Cuaresma es tiempo de conocer y saborear la Palabra de Dios, en la que se nos comunica su voluntad  para hacernos hijos amados como lo fue el HIJO

La Cuaresma es tiempo de esperanza, de vivir como quienes aguardan la plena redención que se realiza en la Pascua del Señor.

La Cuaresma es tiempo de realismo, de saber vivir con lo esencial. En el desierto se descubre lo que es necesario y lo que es superfluo.

La Cuaresma es tiempo de lucha y de combate contra el Malo, que se presentan en el interior del corazón humano y en el ambiente que nos rodea.

La Cuaresma es el tiempo del perdón. De gozosa experiencia de “hijos pródigos abrazados por el Padre y sentados a su mesa.  De gustar el don de la entrañable misericordia divina, de sabernos hijos de Dios y amigos de Jesús.

La Cuaresma es tiempo transformador, de pasar del rescoldo y de las cenizas al fuego y a la luz pascual, de pasar de las obras de las tinieblas a la luz del nuevo día, de afianzar la fe en la verdad que fundamenta nuestra identidad cristiana, en Jesucristo muerto y resucitado, Señor y amigo nuestro.

¡Ánimo, comencemos la subida hasta el monte transfigurador, que es Cristo!